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Abril del 2008


RUEDAN CABEZAS Y RUEDAN VEHÍCULOS

      Siguen rodando las cabezas de funcionarios públicos por el uso indebido de vehículos fiscales, en lo que ya parece una auténtica caza de brujas.
       Me pregunto; ¿Qué sucede en aquellos casos en donde debido a la pobreza estatal, son los propios funcionarios que deben hacer uso de sus vehiculos particulares para fines institucionales? Y si sufren un accidente en acto de servicio ¿quién los ampara y repara el daño?

Por Mr. Chessman - 25 de Abril, 2008, 21:35, Categoría: General
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MÚSICA, MATEMÁTICAS Y AJEDREZ: CAMPO FECUNDO PARA LOS PRODIGIOS

Existen tres campos intelectuales y, por lo que sé, solamente tres donde los hombres realizaron importantes hazañas antes de la pubertad. Estos campos son: la música, las matemáticas y el ajedrez. Mozart compuso música de indudable calidad y encanto antes de los ocho años. Se dice que a los tres años Karl Friedrich Gauss hacia cálculos de cierta complejidad, y antes de cumplir los diez demostró ser un aritmético prodigiosamente veloz y serio. A los doce años Paul Morphy venció a todos sus contrincantes en Nueva Orleans, nada desdeñable en una ciudad que hace ya un siglo contaba con ajedrecistas de primer orden. ¿Se trata de elaborados reflejos miméticos, de proezas que puede lograr un autómata? ¿O acaso es verdad que estos maravillosos y diminutos seres verdaderamente pueden crear? Las Seis sonatas para violines, vlo y contrabajo compuestas por el niño Rossini en el verano de 1804 están evidentemente influidas por Haydn y Vivaldi, pero las principales líneas melódicas son de Rossini, y maravillosamente originales. A los doce años Pascal descubrió por su cuenta los axiomas y las proposiciones esenciales de la geometría euclidiana. Las primeras partidas de Capablanca con Alekhine de las que tenemos noticia, revelan un estilo personal. Ni la teoría de los reflejos condicionados de Pavlov ni la de la mimesis de los simios puede explicarlo. En estos tres campos se producen a menudo creaciones memorables a una edad increíblemente precoz.

¿Existe una explicación? Se ha intentado encontrar una relación entre esas tres actividades: ¿en qué se parecen la música, las matemáticas y el ajedrez? Es el tipo de pregunta que demanda una respuesta tajante, o mejor dicho clásica. (La idea de que en efecto existe una profunda afinidad entre las tres actividades no es nueva.) Pero casi todo lo que encontramos son metáforas o indicaciones vagas. La psicología de la creación musical como algo diferenciado del mero virtuosismo interpretativo, prácticamente no existe. A pesar de algunas orientaciones fascinantes de Henri Poincaré y Jacques Hadamard, no se sabe casi nada sobre los procesos intuitivos y racionales de los descubrimientos matemáticos. Fred Reinfeld y Gerald Abrahams escribieron notas interesantes sobre "la mentalidad del ajedrecista", pero no han probado que tal cosa exista, y si existe en qué se basan sus extraños poderes. En cada uno de estos campos, la "psicología" es nada más que un anecdotario donde se destacan las destrezas de ejecución y creación de los niños prodigio.

Reflexionando, dos cosas resultan sorprendentes. Al parecer, la formidable energía mental y la capacidad combinatoria con fines determinados que posee el niño genio en música, matemáticas y ajedrez, están prácticamente aisladas de los rasgos normales de madurez cerebral y física. Un prodigio musical, un niño compositor o director de orquesta, puede seguir siendo niño en todos los otros aspectos; puede ser ignorante y caprichoso como cualquier otro niño de su edad. No existen pruebas para afirmar que la conducta de Gauss cuando era niño, su coherencia emocional o facilidad de expresión, hayan sobrepasado las de otros niños; era adulto –y mucho más adulto que un adulto normal– sólo en relación a los conocimientos numéricos y geométricos. Cualquiera que haya jugado al ajedrez con un muchacho muy joven y especialmente inteligente, habrá notado la diferencia casi escandalosa que existe entre la astucia y sofisticación analítica de sus movimientos sobre el tablero y su comportamiento infantil cuando las piezas ya han sido guardadas.

He visto a un niño de seis años usar la defensa francesa con habilidad implacable, y convertirse segundos después de terminada la partida en un mocoso gritón e insoportable. Resumiendo, suceda lo que suceda en el cerebro y el sistema nervioso de un joven Mendelssohn, un Galois o un Bobby Fischer, el niño travieso que hay en cada uno de ellos parece vivir radicalmente aislado. Si bien las recientes teorías neurológicas sostienen una vez más la posibilidad de localizaciones específicas –la idea ya conocida por la frenología del siglo XVIII de que existen en el cerebro humano diferentes áreas para diferentes habilidades o potencialidades–, todavía no hay pruebas decisivas. Es cierto que hay centros sensoriales específicos; pero no sabemos de qué modo la corteza cerebral divide sus múltiples tareas, si es que las divide.

La música, las matemáticas y el ajedrez son esencialmente actos dinámicos de localización. Se colocan fichas simbólicas en casilleros significativos. Las soluciones –se trate de una disonancia, una ecuación algebraica o una impasse posicional– se logran mediante el reagrupamiento o reordenamiento secuencial de las unidades individuales y el conjunto de unidades (notas, número, torres o peones). El niño prodigio, como un adulto, isualizar de manera instantánea y al mismo tiempo extraordinariamente segura cómo estarán las cosas luego de varias jugadas. Anticipa la lógica, el desarrollo armónico y melódico necesario si se trata de una relación de clave inicial o de los preludios de un movimiento. Conoce el orden, la dimensión exacta de la suma o la figura geométrica antes de dar los pasos intermedios. Predice el jaque mate en seis jugadas porque la victoriosa posición inicial, la conión más eficiente de sus piezas en el tablero, se encuentra "allí" en cierto modo, clara y precisamente enfocada por su mente. En cada caso, el mecanismo cerebral-nervioso da un auténtico salto hacia el "espacio subsiguiente". Es muy probable que se trate de una habilidad neurológica (estamos tentados de decir neuroquímica) extremadamente especializada y aislada del resto de las facultades mentales y fisiológicas, y capaz de desarrollarse con increíble rapidez. Cualquier estímulo casual –una melodía o progresión armónica que suena en la habitación de al lado, una lista de números en la vidriera de un negocio, la visión de las jugadas iniciales de una partida de ajedrez en un café– provoca una reacción en cadena en determinada zona de la mente. Y el resultado es una maravillosa monomanía.

La música y las matemáticas son dos milagros extraordinarios de la raza humana. Lévi-Strauss considera la invención de la melodía como "una clave para el misterio supremo" del hombre, una pista que nos podría conducir, si pudiéramos seguirla, a entender la estructura y el carácter diferencial de la especie. El poder de las matemáticas para generar acciones a partir de motivos tan sutiles, ingeniosos y complejos como cualquiera de los que ofrece la experiencia sensorial, y desarrollar un inagotable movimiento que se genera a sí mismo, es una de las marcas más extrañas y profundas que el hombre deja en este mundo. Por otra parte, el ajedrez es un juego en el que treinta y dos piezas de marfil, cuerno, madera, metal o (en los campos de concentración) aserrín pegado con betún son movidas en un espacio de sesenta y cuatro casillas de colores alternados. Para el aficionado, semejante descripción es una blasfemia. Los orígenes del ajedrez están rodeados de controversias, pero indudablemente este pasatiempo aparentemente trivial ha sido para muchas personas y a lo largo de los siglos, una realidad, un foco de emociones a veces más sustancial que la vida misma. Los naipes pueden llegar a significar la misma idea de absoluto. Pero su magnetismo es impuro. La pasión por el whist o el poker está relacionada con la magia universal y evidente del dinero. En el ajedrez, el estímulo monetario –si existe– siempre es mínimo o incidental.

Para un verdadero jugador de ajedrez, el acto de mover treinta y dos piezas en un espacio de 8 x 8 casillas es un fin en sí mismo, un mundo muy completo al lado del cual la vida biológica, política o social resulta desordenada, aburrida y contingente. Hasta el patzer, el pobre aficionado que sale corriendo con su caballo cuando el alfil de su contrincante se larga a d4, siente esa fascinación diabólica. Hay momentos mágicos en los que criaturas completamente normales dedicadas a otra cosa, hombres como Lenin o yo mismo, sienten la tentación de renunciar a todo –matrimonio, hipoteca, carrera o Revolución Rusa– para pasar días y noches moviendo pequeños objetos tallados arriba y abajo sobre un tablero cuadrado. Ante el tablero, aun cuando sea el más barato de los juegos portátiles de plástico, nuestros dedos se crispan y un leve escalofrío recorre la columna vertebral. Y no se trata de ganar dinero ni obtener conocimientos o renombre, sino de un encantamiento autista, tan puro como los cánones invertidos de Bach o la fórmula de los poliedros de Euler.

Allí radica indudablemente una de las verdaderas conexiones. A pesar de su riqueza de contenido, de toda la historia y las instituciones sociales relacionadas con ellas, la música, las matemáticas y el ajedrez son actividades maravillosamente inútiles (las matemáticas aplicadas son una especie de plomería sofisticada, o de música para ser interpretada por la banda de policía). Son metafísicamente triviales e irresponsables. Se resisten a conectarse con el mundo y aceptar la realidad como árbitro. Este es el secreto de su fascinación. Nos hablan –al igual que ese procedimiento más reciente llamado arte abstracto– de la capacidad del hombre para "crear cosas al margen del mundo", de inventar formas alocadas, totalmente inútiles, austeramente frívolas. Dichas formas no toman en cuenta la realidad y, por lo tanto, son ajenas –como ninguna otra cosa– a la autoridad banal de la muerte.

Las asociaciones alegóricas de la muerte con el ajedrez son proverbiales: en los grabados medievales, en los frescos renacentistas y en las películas de Cocteau y Bergman. La muerte gana la partida, pero al hacerlo se somete –aunque sea momentáneamente– a leyes que están fuera de su dominio. Los amantes juegan al ajedrez para detener el tiempo y abolir el mundo. Eso ocurre en el poema de Yeats, Deirdre: "Sabían que nada podía salvarlos; /así jugaron al ajedrez como lo habían hecho noche tras noche/ durante años, y esperaron el golpe de la espada./ Nunca oí hablar de una muerte tan distante/ de las almas vulgares, un final tan bello y tan altivo".

El hecho de que el ajedrez puede ser un íntimo aliado de la locura es el tema de Partida de ajedrez, la famosa novela de Stefan Zweig publicada en 1941.

Por George Steiner - 17 de Abril, 2008, 14:38, Categoría: General
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CONSEJOS PARA FOMENTAR LA LECTURA

La televisión y los juegos electrónicos no son las únicas alternativas para entretenerse mientras se espera la entrada al colegio.  Con más tiempo a disposición, la lectura es una alternativa educativa y nada de aburrida.

Eso sí, que un niño se transforme en un buen lector es una tarea que compromete no sólo a los profesores de los colegios, sino también – y en forma aún más importante- a los propios padres.

Pero, ¿Cómo lograrlo?

Existen muchos estudios y textos que hablan sobre las supuestas fórmulas mágicas para hacer del libro un compañero de actividades inseparables de cada niño.

     Así, por ejemplo, el programa de lectura de la Biblioteca Pública de Los Ángeles, en Estados Unidos, realizó diversas investigaciones que se tradujeron en una tabla de recomendaciones que, perfectamente, usted puede llevar a cabo:

 

  • Visite la biblioteca regularmente con sus hijos y descubra algunas de las revistas para niños.

 

  • Ayude a sus hijos a encontrar los temas que más les interesen.

 

  • Pida ayuda a los encargados de la biblioteca para obtener recomendaciones de libros para niños.

 

  • Lea en voz alta en casa, ya que ningún niño es muy grande o muy pequeño para disfrutar de esta actividad familiar.

 

  • Propicie que los pequeños lo vean leer y comente con ellos sus lecturas.

 

  • Procure que ellos tengan un lugar silencioso y cómodo para leer, el que además debe contar con buena iluminación.

 

  • Infórmese sobre los préstamos bibliotecarios durante las vacaciones, con el fin de planificar alguna actividad nueva o reforzar algún área de interés.  Según el mismo estudio, es necesario que los niños se sientan suficientemente libres y seguros para hojear libros y descubrir una amplia variedad de materiales, como libros, revistas y discos.

 

También observaron que a los pequeños les cuesta retener la atención durante demasiado tiempo, por lo  que los cuentacuentos, proyectos manuales, películas, y todo lo que apoye la lectura, es bienvenido.

Especialmente, la ambientación de la biblioteca debe invitar a los niños a quedarse y permitirles la posibilidad de compartir sus experiencias de lectura con los demás.  Más recomendaciones.

En nuestro país, el Ministerio de Educación también recomienda una serie de medidas para fomentar el hábito y el agrado por la lectura en los niños desde muy pequeños.  En coincidencia con las políticas desarrolladas en otros países, se destaca la responsabilidad de los padres en la creación y fomento de los hábitos de lectura de sus hijos.

 

 

Además de los consejos ya mencionados, destacan:

 

  • Hacerse socio de una biblioteca e ir con los niños a solicitar y devolver libros.

 

  • Regalar un libro a los niños en sus cumpleaños u otras fechas especiales.

 

  • Enseñar a los pequeños a cuidar los libros y revistas.

 

  • Incentivar la creación de una pequeña biblioteca dentro del dormitorio de los hijos

 

  • No imponer la lectura como una obligación ni usarla como una amenaza de castigo, pues desincentiva el hábito por leer.

 

De seguir estos consejos, lo más probable es que en un plazo no muy lejano serán tema del pasado las malas calificaciones en las asignaturas de lenguaje y los eternos llamados de atención para que los niños apaguen el televisor y se decidan a ser parte de la fantástica aventura de leer.  

Por Mr. Chessman - 7 de Abril, 2008, 17:45, Categoría: General
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MI AMADO MISTER B.

LUIS CORBACHO:  EDITORIAL PLANETA,    2004,  270 páginas.

"Martín Alcorta es un joven periodista, editor de la magazinesca Soho B.A., que en el devenir de su profesión conoce a Felipe Brown, un escritor peruano, bisexual, separado, padre de dos hijas y exitoso conductor de un programa televisivo en Miami a quien debe entrevistar. El conectivo con Jaime Bayly surge de modo instantáneo. Entre ellos nacerá un tórrido romance lleno de acercamientos, lejanías y promesas de amor incumplidas....."

Por módicos $2.000 me hice de esta novela bajo el formato Planeta, edición de lujo. La verdad, sabía a lo que iba y con lo que me encontraría.  No me cabe la menor duda que el autor es del mundo gay, su relato, con los finos detalles, así lo deja entrever.  La novela en si, termina por resultar tediosa, dialógos intrascendentes, todo previsible y a veces demasiado chocante. Final flojito, flojito. Comparada con otras novelas malas, esta por lo menos es liviana y se puede llegar a su fin sin sentir fastidio.  No creo que la carrera de Corbacho como escritor dure mucho, ello explica el hecho de que Planeta haya decidido liquidar su texto y sacarlo de las bodegas.

Calificación: un cuatro demasiado generoso.  

Por Mr. Chessman - 1 de Abril, 2008, 18:04, Categoría: Literatura
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