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Diciembre del 2009


LAS GRANDES BIBLIOTECAS DE AJEDREZ

El Dr. Meinders Niemeijer hace sesenta años donó su enorme colección de más de 7.000 libros a la Real Biblioteca Holandesa, donde se amalgamó con la colección Van der Linde, para lo que luego sería conocida como la biblioteca de ajedrez Van der Linde – Niemeijeriana que actualmente posee 14 000 ejemplares distintos, tras de que los volúmenes duplicados fueron cambiados por otros libros para llenar algunas lagunas importantes de ambas colecciones.

El Dr. Niemeijer falleció el 5 de octubre de 1987 y durante su vida escribió más de 40 libros sobre problemas de ajedrez. El Dr. Niemeijer en 1958 obtuvo el título de Juez Internacional de Composiciones por parte de la FIDE y en 1975 el de Maestro Internacional en Composición. Hasta sus últimos días trato de aumentar la colección Van der Linde-Niemeijeriana que 40 años antes de su muerte había contribuido a crear.

Sin embargo no es la mayor colección de libros diferentes de ajedrez, pues se dice que la Biblioteca de Cleveland en los Estados Unidos reúne más de 32000 libros y hay reconocidas más de treinta bibliotecas con más de 12000 libros en diversas partes del mundo.

Entre los navegadores de Internet que somos aficionados en localizar libros de ajedrez un poco raros, desde los libros de Ruy López hasta las ediciones mimeografiadas de diversos clubes de ajedrez de la URSS, nos sorprendió un poco la afirmación de que el record de colecciones de libros de ajedrez digitalizados correspondencia a un grupo de aficionados checos con 43 000 libros de ajedrez diferentes. Sobre todo tras especificar que no incluían libros como las novelas de ajedrez “El Tablero de Flandes” o “El jugador de Ajedrez” de Stefan Zweig, sino libros dedicados a la teoría del ajedrez y a los torneos jugados internacionalmente.

Lo que queda claro es que para hablar de mega bibliotecas de ajedrez habría que hacer algunas especificaciones tales como el definir que es un libro de ajedrez, pues en la citada colección abundan “cuadernos” de ajedrez de entre 25 y 50 páginas, así como publicaciones que entrarían más en la clasificación de revistas de ajedrez, lo que cambiaría mucho las cifras.

Tanto la biblioteca de Cleveland como la Van der Linde-Niemeijeriana verían muy reducidas sus cifras, pero más lo serían las de la colección checa digitalizada.

El Conde Gian Carlo Dal Verme de Milán y el GM Lothar Schmidt manifestaban en los años 70s del siglo XX poseer las bibliotecas personales de ajedrez más grandes del mundo con más de 15 000 ejemplares, pero si se aplicaban algunas reglas reconocidas por las asociaciones de biblioteconomístas, por no decir bibliófilos, seguramente sus cifras apenas rebasarían los 10 000.

El caso es que no hay reglas fijas para las cifras de las megabibliotecas y de muchas se puede presumir que rompieron records. En México eran muy celebres las bibliotecas del Lic. Alfonso Carreño, que estimaba él que contenía 12000 libros diferentes y la del Ing. Alfonso Ferríz con poco más de 10 000, ambas en Ciudad de México; o la del Dr. Lejarza, con más de 7000. Aunque no eran tan notables como la que Don Andrés Clemente Vazquez donó a la Biblioteca Nacional de México de 3000 ejemplares a finales del siglo XIX, que por la época poseían un valor similar a la de una diez veces mayor en el siglo XXI.

Los grupos de aficionados en algunos foros de sitios webs de ajedrez han formado pequeños clubes colectores de libros digitalizados de ajedrez, y muchos de esos grupos, anónimos ya que muchos viven en países en que digitalizar libros viola leyes de derechos de autor; ya claman tener colecciones de más de 10 mil libros.

Se cumplen este mes los cien años de la publicación de un catalogo completo de libros de ajedrez, publicado en 1909 por la Editorial Kagan de Viena, que contenía la clasificación de 4000 libros de ajedrez y ya era una obra muy voluminosa. Publicar una versión actualizada o nueva, 100 años después, implicaría una labor titánica, pues el número de libros de ajedrez se ha multiplicado muchas veces en las últimas tres décadas.

Además de las publicaciones “normales” han surgido, gracias a las computadoras, multitud de pequeñas ediciones de entre 100 y 300 ejemplares.

Incluso los libros publicados en Rusia ya raramente sobrepasan los tirajes de 3000 ejemplares, cuando en tiempos de la URSS era normal que una edición de un libro de ajedrez tuviera un tiraje de entre 40 mil y 80 mil ejemplares. Y se agotaban pronto.

Actualmente se publican en Rusia decenas de libros cada año, pero con tirajes mínimos de 1 a 3000 ejemplares, y sabiendo el interés que existe en decenas de millones de rusos por los libros de ajedrez; uno debe suponer que de alguna manera la satisfacen.

El mismo Dr. Meinder Niemeijer, que era considerado una de las máximas autoridades en literatura de ajedrez, ya comentaba en 1984 que el 50% de los libros que los ajedrecistas holandeses estudiaban eran fotocopiados.

En la URSS en 1986 fueron publicados 41 libros de ajedrez con un tiraje conjunto de poco más de dos millones de ejemplares; así lo menciona N. Sakharov en un artículo publicado en 1987 por la revista “64”. 28 libros eran escritos en ruso y 10 en otras lenguas de la URSS, como pudiera ser el ucraniano, el armenio, el kirgizio, lituano, estoniano, letón, georgiano, etc.

Tres fueron publicados en Ingles, alemán y ruso. Finalmente había las versiones francesa, alemana e inglesa; de los libros de Averbach y Taimanov sobre los dos primeros matches.

El tiraje comparativo, puede ser interesante: en inglés 38 320, en francés 5580, en alemán 7280.

La “Pequeña Enciclopedia de Ajedrez” organizada por el GM Gufeld totalizó un tiraje de 120 mil ejemplares en ese año de 1986.

Tras la desaparición de la URSS, Rusia y Ucrania fueron los líderes, pero con unas cifras muy diferentes. En 1992 se publicaron en Rusia sólo 16 títulos con un tiraje conjunto de apenas 91 mil ejemplares. Ya para entonces los libros en idioma inglés eran tan numerosos como los publicados en ruso.

Sería hasta 2004 que las publicaciones de ajedrez en ruso duplicaran a las hechas en idioma inglés, cuando en 1986 las decuplicaban.

En lo que si se ha mantenido fuerte liderato en idioma ruso es en sitios webs sobre ajedrez, aunque muchos de ellos tienen versiones en inglés.

En videos y software relacionado con ajedrez, si se puede decir que el inglés lleva el liderato.

Pero, tras el inglés, el ruso y el alemán, sería interesante averiguar si es el francés o el castellano el que prevalece en publicaciones. Sospecho que el castellano lleva la delantera por mucho …

En México, a 24 de Diciembre del 2009

 Artículo extraido del sitio web. www.inforchess.com

Nota:  La modesta biblioteca ajedrecistica de Chessman alcanza a los 280 ejemplares

Por MI RAUL OCAMPO VARGAS - 24 de Diciembre, 2009, 12:42, Categoría: Ajedrez
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ESCUCHANDO A LEMEBEL

Podría escribir clarito, podría escribir sin tantos recovecos, sin tanto remolino inútil". Con estas palabras, Pedro Lemebel abre "Serenata cafiola", palabras que huelen o se oyen como una poética de su literatura crónica, donde sale a la luz su escritura de "lengua salada" produciendo una "jungla de ruidos" en sus escritos de vida, de urbe, de sexo que ponen "play" a este "cancionero musical".

Cancionero porque al leer las crónicas se escuchan de fondo las canciones que forman parte de su memoria personal. Música intradiegética dentro del relato que se oye, como cuando en el cine escuchamos la misma música que coloca en la radio o canta un personaje diferente a lo que es una banda incidental en un nivel extradiegético . Así, Lemebel hace escuchar al Joselito enlodado por el franquismo, a los Beatles, algunos blues de Janis Joplin, a Hervé Vilard, a Gloria Gaynor, a Raffaella Carr , como parte del relato, del recuerdo, a veces triste. No obstante, también plantea la incompatibilidad de la música con la violencia en la crónica Guitarreando con la CNI: Quizá para los traumas históricos no hay música recordable en la atmósfera de su violento acontecer. Esto último hace más completa la propuesta del libro.

Anécdota tras anécdota Lemebel va demostrando a estas alturas confirmando que sabe dar con el tono confesional, entregado, desahogado, por ejemplo, de admiración hacia su madre de armas tomar, la que descansa en el Cementerio Metropolitano después de tanto amar y tanguear la mísera vida. Sabe transitar por amoríos adolescentes con algún amigo de la Jota o aventuras con un taxi boy peruano. Sabe tanto funar al Tito Fernández, El Temucano, amigo del ex CNI Álvaro Corbalán en una crónica que hace recordar a varias publicadas en De perlas y cicatrices , como limpiar la imagen de artista de la dictadura con que cargó Fernando Ubiergo.

Quizá una leve merma se produce en un tibio Cachureo sentimental con una limitada propuesta cantidad y calidad de imágenes de su memoria. Merma que sin embargo no afecta el dinamismo que ofrece la crónica probada de Lemebel. Crónicas pintadas con amargos finales. Crónicas con personajes anónimos que se transforman en heroínas, como la Janet, que lo salva de una golpiza en el 777. Crónicas vividas y otras escuchadas de oídas. Crónicas que se panfletean, según afirmó Lemebel en LND hace algunas semanas, llegando a una amplia gama de lectores incluso a los que enfrenta según relata en Piedad con la burguesía, María . Crónicas que dan cuenta de una escritura dinámica más que ‘Zanjón de la Aguada’ , íntima, sin renunciar a la provocación y la queja, proyectada desde un lugar más estable que en sus anteriores entregas. Crónicas que en la exacerbación de recoveco, repetición, por ejemplo, de los títulos o partes de algunas canciones en varias crónicas, van marcando un ritmo de escritura y realzando el acierto del cruce musical que hoy, en un tono más íntimo, permite escuchar mejor su escritura.

Serenata cafiola. Pedro Lemebel. Seix Barral, Santiago, 2008. Crónica. 241 páginas.

Por Mr. Chessman - 20 de Diciembre, 2009, 22:12, Categoría: Literatura
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